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Argentum.

Me pasaría horas acariciándote el cabello; poniendo especial dedicación a esas vetas de sabiduría, verdad y plata, que son tus canas.

Me gusta pensar que son recuerdos maravillosos que han agarrado profundamente en la raíz de tu mente y brotan al exterior como esas gemas preciosas nacidas del núcleo más puro.

La prueba madura, sincera y perenne de la gran mujer que has llegado a ser.

Interiorismo.

Te observo mientras cocino, tú estás acurrucada con tu manta en el sofá.

Me gusta que nuestro piso tenga un concepto abierto, para que pueda apreciarte desde cualquier punto posible.

Sin pasillos, sin barreras, sin puertas.

Vulnerable.

Suspiro, con la tranquilidad de los que saben que nunca en su vida podrá existir una derrota que empañe semejante victoria.

Que eres tú.

Le doy gracias a lo que quiera que sea Dios y, sobre todo, a los arquitectos que creen en los espacios conectados.

Balcones vacíos, calles abarrotadas.

Me destroza la rapidez con la que somos capaces de olvidar., de un día para otro, a aquellos héroes y heroínas que pasaron de ser aplaudidos a despedidos.

Hoy, esos profesionales que merecían los abrazos que por esas fechas estaban prohibidos, los que nos salvaron la vida, piden apoyo para que la suya no siga en precario.

Nuestro deber es acompañarlos en las calles hasta abarrotarlas, como antaño hicimos con los balcones.

Madrid se levanta por la Atención Primaria, por aquel colectivo que porta orgulloso la bandera del mayor patrimonio de la humanidad,

la Sanidad Pública.

Defendámosla a su lado, frente a los que comercian con ella.